Dice un proverbio chino: “Una crisis es una oportunidad que cabalga en un viento peligroso”.
Ahora que muchas de las estructuras que nos fueron familiares parecen estar a punto de colapsar o están entrando en proceso de extinción, tendremos que despertar a nuevas modalidades de ser, de hacer y de vivir.
Para captar el sentido más profundo de este momento evolutivo de la humanidad, sin centrarnos en las profecías que circulan presagiando catástrofes, destrucción y caos, veamos que ahora tenemos la oportunidad de manifestar lo más creativo en nosotros para salir adelante.
Empecemos por comprometernos con nuestra realidad más inmediata: nosotros mismos. Tomemos un rol protagónico de constructores, haciendo los ajustes necesarios en nosotros y en nuestro entorno.
Habrá que dejar definitivamente de lado la crítica, la queja y el reclamo, actitudes que sólo conducen a la impotencia deteniéndonos en una eterna infancia psicológica y conductual.
También habrá que cuestionarse qué significa ser libre. Cuesta tanto serlo porque no todos nos ocupamos de construir la sólida estructura que sirve de sosten a la libertad: hablo de la responsabilidad.
Pensándolo en términos astrológicos: Urano se encuentra asociado al concepto de libertad y Saturno al de responsabilidad.
El orden natural de los planetas coloca a Saturno antes de Urano y esta es una clave. Nadie puede ser libre si antes no aprende a hacerse cargo de sí mismo, de su vida y de todo lo que le corresponde de acuerdo al lugar y a la función que ocupa en su realidad.
No juguemos a ser libres. Muchas veces hacemos lo que nos parece, de la manera en que nos parece y sin tener en cuenta los límites naturales que están dados por los derechos de los demás. Esto no es libertad sino arbitrariedad.
En un año que nos impone despertar será vital el desarrollo de valores como el amor a la verdad, el espíritu de cooperación, el sentido de justicia y de fraternidad, el servicio orientado al bien común y un sentido de la responsabilidad individual. Todos valores imprescindibles para el uso sabio y sano de la libertad.
No nos quedemos en palabras o intenciones. Que estos ideales se conviertan en aspiraciones. Que las aspiraciones se concreten en proyectos y que los proyectos modifiquen la realidad para el bien de todos.
Es mi deseo para el 2009!
Ana M. Fernández Vuono
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