El tercer ojo es un órgano que, según las enseñanzas ocultas, se pone en funcionamiento con el desarrollo espiritual del humano que alcanza una determinada capacidad para destacar de la evolución común. Existe como órgano sensor desde siempre, aunque ahora permanece en modo latente y dejó de ser activo cuando la mente humana empezó a tomar conciencia de sí misma y de su vida interior, haciendo de la persona una individualidad, y de los sentidos una herramienta fiel. Su origen procede de la suma de acciones y superposición de los chakras del corazón, garganta y cabeza. Cuando esta integración se produce por completo, se siente una reacción en contra de nuevas experiencias materiales, siendo esta postura un aliciente para la búsqueda interior, y para que surja una reorientación de las energías que entran en los chakras. De este modo ocurre que la energía del chakra del corazón se dirige entonces hacia el Ajna (el entrecejo), la energía del la garganta se direcciona hacia el chakra del Alta Mayor, mientras que el chakra de la cabeza o coronario se ve ampliado llegando a tocar a los otros dos. Cuando cualquiera de los chakras es incapaz de alcanzar el estado de excitación que se le exige, puede provocar demasiada tensión, dañando al organismo, como ocurre con los infartos de corazón y los problemas cerebrales debido al exceso de tensión.
Como órgano físico innato puede ser activado si se dan las circunstancias adecuadas, funcionando como un órgano de visión interna que no está sujeto a la dimensión tiempo. Está controlado por un mecanismo físico compuesto de varios pequeños soportes que aparentan estar dormidos en nuestro organismo:
* la glándula pineal: situada (ver El organismo humano) entre los dos hemisferios cerebrales y el cerebelo, es decir, entre lo más nuevo y lo más antiguo (respectivamente) del cerebro. Esto hace suponer que la glándula pineal pudo aparecer en el momento de transición entre lo primitivo y lo evolucionado de nuestro cerebro, transición del humano inconsciente de su ego, hacia el ser consciente de su existencia, hacia el verdadero humano. Esta glándula tiene forma de caverna, conteniendo líquido cerebro espinal, y aparenta ser un apéndice del tercer ventrículo del cerebro. Según las enseñanzas ocultas, este apéndice llegó a sobresalir (en tiempos muy remotos) como una ínfima antena, entre las cejas y mucho antes de desarrollar el órgano de la vista que hoy tenemos, y fue recogiéndose hasta aletargarse conforme la visión externa iba mejorando por el efecto de la acción de la luz solar, reemplazando el aparato ocular (junto con la mejora del intelecto) a aquella visión interna. Se trata de una glándula endocrina, es decir, capaz de segregar hormonas que se mezclan con la sangre para provocar cambios o reacciones en el organismo, complementando de esa manera la acción de los chakras. Consta de dos tipos de células: pineocitos (presentes en todo el sistema nervioso pero en ninguna otra glándula del organismo humano) y astrocitos. Los estudios médicos revelan una gran relación entre las hormonas segregadas por esta glándula y el desarrollo de los tejidos sexuales, con la placenta, así como con las actividades posteriores al embarazo (segregación de leche, el amor maternal), aunque el efecto más espectacular de las hormonas pineales es el de la hormona somatropina, reguladora del crecimiento de todo el organismo. Cualquier órgano del cuerpo humano depende de otros y de la afluencia nerviosa de los centros nerviosos, pero la glándula pineal, aunque está conectada con el cerebro, no se ve afectada por las células nerviosas que la rodean, sino que parece que se activa por señales que le llegan desde las pupilas (no de las retinas). Madamme Blavatsky describió unas granulaciones arenosas en la glándula y relacionaba su presencia con la actividad del cerebro en dimensiones de nivel superior cuando se concentra en la cabeza gran cantidad de electricidad corporal, comparándola con el útero por su supuesta capacidad creadora, a nivel emocional y mental. La teoría de Haeckel afirma que el feto humano realiza una especie de recapitulación (durante los nueve meses de gestación) de las fases evolutivas ancestrales desde que surgió la humanidad. En este desarrollo fetal, la glándula pineal aparece en la quinta semana, siendo un indicio de lo pronto que empezó a funcionar esta glándula en la especie humana. Esta glándula se relaciona con el desarrollo sexual debido a que a la aparición de esta glándula en el feto es precedida en la sexta semana por la aparición de los primeros indicios de los órganos sexuales. Esto indica que el humano pasó, a continuación de la época en que surgió la glándula, de ser hermafrodita a poseer sexos diferenciados, cosa que ocurrió cuando aparecieron las primeras subrazas de la tercera raza, la Lemúrica, hace unos 21 millones de años, época mitificada por la denominada “caída del hombre”. Cuando transcurra el periodo intelectual que arrastra actualmente a la humanidad, y sea controlada la actividad de la inteligencia, la pineal volverá a surgir como un órgano de visión de dimensión superior.
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la glándula pituitaria: está sobre el paladar blando, bajo la nariz, rodeada por los cuerpos de la carótida, en la bifurcación de dos grandes arterias próximas a la tráquea. Su ubicación es curiosa pues está en un lugar céntrico del cerebro, como resguardada a buen recaudo, además de que actúa como directora del ritmo y modo de funcionamiento de glándulas cercanas. Afecta directamente a la pigmentación de la piel, oscureciéndola si aumenta cierta secreción hormonal. También actúa sobre el funcionamiento de la glándula tiroides a modo de regulador. Además su función tiene mucho que ver con la activación de estados muy variados en el ánimo y energía del cuerpo humano, al estar relacionada con la adrenalina, como vimos en El organismo humano.
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los chakras, que surgen del cuerpo etéreo: como ya hemos visto, y sobre todo con los chakras del corazón, de la cabeza y de la garganta.
Así, el tercer ojo es fruto de la interrelación de estos elementos, de modo que si se activa se produce un vórtice de energía que atrae a su interior radiaciones procedentes de los planos superiores: Atma, Buddhi y Manas (ver La evolución del alma), dando forma a un especie de lente síquica, cuyas energías pueden llegar a estar conectadas con el aura humana a través de un fino hilo energético llamado Antakarana.
Manas, Prâna y Vîrya son los tres aspectos de la misma energía, llamada por los yoguis Shatki, la Diosa. Es un poder reconocido por la cultura tántrica, poder aterrador por otro lado. El yogui se esfuerza en el equilibrio de sus energías, para lo cual ejercita su respiración nasal: al orificio nasal izquierdo se le llama yin (femenino, negativo) en términos chinos, refrescante y mental corresponde al sistema parasimpático; el orificio nasal derecho es yang (activo, masculino) cálido, corresponde al sistema simpático. Cuando la circulación del aire predomina en el orificio izquierdo, la persona es propensa a reflexionar, a concentrarse. Si predomina en el orificio derecho, la persona se lanza a la acción. Ejercitando debidamente el control de estas circulaciones (Prânayama), el aprendiz de yogui se entrena para igualar el flujo en sus dos orificios, y eso tienen como consecuencia la apertura del nâdi (canal) central en la médula espinal. Con ello, y tras aprender a mantener la respiración varios minutos, el mental es capturado y reabsorbido, llegando a tambalearse la conciencia hacia una dimensión en la cual prânas domina a manas, se anula la actividad mental y se activa la conciencia del ego, dando la sensación de comunicar con la fuente misma de la vida. Por otro lado, Vîrya es un especie de castidad, en la que se reserva la sustancia material del esperma (sustancia que, según las enseñanzas tántricas, está repartida por todo el organismo y que sólo se concentra durante el acto sexual formando el semen) mejorando la vitalidad y la longevidad si se mantiene repartida y dispersa, cuyo fin es modificar inmensamente al ser corporal y sutil.
La activación y uso del tercer ojo permiten comprender la naturaleza más allá de sus manifestaciones materiales. Hasta la edad de los siete años se puede manifestar en los niños cierta actividad natural de este órgano, por lo que pueden llegar a contar que han visto duendes o hadas, cuando en realidad han experimentado sensaciones etéricas. Lo mismo les puede ocurrir a los alcohólicos en estados delirantes, pero sus visiones no son tan agradables.
De este modo vemos que los componentes del Tercer Ojo están formados con los mismos materiales que necesitamos para buscarlo en nosotros mismos (igual que un miope de alto grado necesita sus gafas para encontrarlas). El método para poner en funcionamiento el tercer ojo necesita de un cambio en el modo de vivir, pues el aventurado aprendiz necesita un cambio de personalidad, además de que debe construirse el canal de energía o Antakarana, debiendo aprender a direccionar todas las energías hacia la región de la cabeza, y poco a poco ir reconstruyendo su propia aura. Con todo esto en marcha, las nuevas sensaciones y experiencias deben ser asimiladas, comprendidas y aprehendidas sin las distorsiones inducidas por la personalidad.
El ser humano es una entidad compleja y compuesta, siendo el cuerpo físico una parte de las muchas que componen al total. El conjunto de vehículos que forman a un humano interrelacionan y comparten energías muy variadas, que van desde la energía química o material, hasta la energía radiante o espiritual, que al mezclarse estallan en ese espectro de cuerpos del que sólo vemos la parte física, la forma más densa. Para atraer, hacia la formación y desarrollo del tercer ojo, los materiales y energías necesarios, es necesaria la meditación, la entrega altruista a la humanidad y determinados ritmos respiratorios, de modo que se forman por cristalización, partiendo de niveles atómicos, el Antakarana y el tercer ojo. Las energías de los chakras inferiores podrán ser transferidas a los chakras superiores hacia la cabeza por medio de la voluntad del pensamiento, del deseo, pero caracterizado por un amor desprendido, usando los canales que comunican los chakras entre sí y que se conocen como Idâ, Sushumnâ y Pingalâ


